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LA FELICIDAD CUESTA 10 PESOS mayo 23, 2008

Posted by Revista Vamos in Lugares.
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Emociones, gritos, alegrías, comidas, bebidas, deportes y amor. En el Parque Urbano de la ciudad se siente latir el corazón de Santa Cruz de la Sierra. A continuación, una crónica de una tarde de fin de semana, con todos sus colores y sabores.

Escrito por: Darwin Pinto/Fotografías de: Andrés Unterladstaetter

Sí, la felicidad cuesta diez pesos…

Con esa cantidad de plata usted podrá comprarse una manzana azucarada, comerá algún bocado explosivo, subirá una vez a los autos chocadores, podrá ver volantines nadando en las alturas (eso gratis) y tal vez pueda ganarse unos cinco bolivianos si logra derribar un montón de cubos apilados con una pelota sin peso, al módico precio de un boliviano el intento…

Gastará eso en el Parque Urbano si va sólo, porque si lleva a su hijo o a su pareja, o ambos, entonces deberá invertir un poquito más si quiere probar la felicidad de un área verde tan diversa (hay juegos pagados, los hay gratuitos, hay pasto para sentarse, recostarse o sólo correr y también hay vendedores de casi todo lo que usted quiera). Aunque si asumimos como verdad eso de que la felicidad no tiene precio, entonces el Parque Urbano le dará un momento feliz a precio de gallina muerta, a precio de dólar devaluado, que a estas alturas es casi lo mismo…

parque urbano

El Parque Urbano es toda una feliz metamorfosis de lo que había sido una estación de ferrocarriles bordeada de matorrales. Ahora se abre verde y casi domesticado para quien quiera gozarlo sin prejuicios…

En sus cuatro costados tiene elementos dignos de verse con ojos de novedad: en un costado tiene el viejo andén que fue el centro neurálgico de Santa Cruz en materia de transporte internacional. Por el otro lado están tres dinosaurios petrificados que no asustan a nadie y que algunos niños usan para escalar… Entrando por el segundo anillo, está la gran cruz de la cruceñidad, en la que una mano anónima le ha escrito “estatuto=logias” y que fue quemada hace poco. Por el acceso del primer anillo tiene a esos dos grandes monumentos de ladrillo erigido para la Cumbre de las Américas, donde los enamorados se comen a besos aguantando efluvios amoniacales de vejigas urgentes y cosas peores que hay que eludir como si fueran minas antipersonales.

La oferta de diversión es barata: están los juegos mecánicos (rueda de Chicago, autos chocadores, carruseles, casa del terror o montaña rusa, con costo promedio de Bs. 5 por cada juego) en las que se pueden remover emociones entre esas entretenidas armazones metálicas, para luego rematar el acceso de adrenalina comiendo algún bocado sísmico en los puestos de venta que se levantan al lado de lo que fue el andén principal en el que por décadas los viajeros salían o llegaban de Brasil o Argentina. Ahora el andén aquel se levanta como un espectro perdido en el tiempo, como un fantasma que no asusta a nadie, como el de Canterville.

Pero si no le atraen esos juegos (que sí tienen el decoro de tener letreritos que le advierten que cuide su bolsillo) estará siempre la alterativa de los juegos gratuitos como los columpios, subibajas y los dos grandes toboganes en los que pequeños ‘kamikazes’ se lanzan montados en botellas de plástico y salen disparados hacia el infinito matándose de la risa. Mientras los más chicos no le hacen gastar y se divierten en el tobogán gratuito, el padre podrá pasar el rato leyendo divertidos garabatos escritos por adolescentes en la superficie de los resbalines. Por ejemplo, éste es uno: José Luis the best and your man for ever. I am a ganster called Sapito.

Pero no lea tan despreocupadamente esos escritos que son el sumun de la sabiduría popular adolescente, porque lo puede sacar de ese embrujo poético el pelotazo de algún atleta de esos que se vuelven gladiadores descalzos sobre el pasto que sirve de campo de juego y de árboles que se tornan en arcos.

Si se cansó de leer o ya no quiere saber de juegos o de pelotazos y opta por caminar sobre vías de cemento para estirar las piernas o para ir tras zumo de coco, tenga los ojos bien abiertos. Es que a ratos aparecen de la nada carritos en forma de animales cargados de niños que ríen frente a un tipo que yace metido dentro de un sucio traje de Barnie. O si opta por gozar del paisaje penetrando por la vía de arcilla, goce de la deliciosa sombra y mire bien abajo. Si mira para los costados verá a diestra y siniestra tantos enamorados tirados en el pasto o abrazados bajo los árboles como si fueran los últimos humanos en el mundo que llegará a creer que estamos en primavera. Pero no, en Santa Cruz eso pasa todos los meses del año. ¿Acaso no es la tierra de la felicidad? Entonces, de un momento a otro tendrá que enfrentar a esa raza de hierro que se gana la vida día a día batallando contra la vida: los vendedores de pipocas, papitas, chipilo, manzanas azucaradas, raspadillos y helados. Los hallará por todas partes y a cambio de una moneda le harán la vida un poquito más bonita. “Los fines de semana vendo hasta 30 bolivianos. Eso ya ayuda un poquito a mi casa”, dice Aroldo Yepez, vendedor que da un algodón de azúcar a cambio de un peso.

Como él, otros cientos de comerciantes venden chucherías simples para tener algo que comer. Y usted, cuando les compra, no se da cuenta de eso. No tiene por qué darse cuenta, pero en muchos casos, la moneda que usted tiene vale más para el pequeño comerciante que trata de ganar cada centavo, que para el cliente que gasta lo que le sobra.

Si se anima a sacar una fotografía, este es un cuadro recomendable: un tipo mandando mensajes por su celular, tendido sobre el suelo, con tres pastores alemanes peleando cerca suyo, mientras el viento revolotea por todas partes levantando como a pájaros los vasos desechables y bolsas botadas por doquier. ¿Acaso no es turística nuestra mítica diligencia en materia de higiene de espacios públicos?

Cae la tarde sobre Santa Cruz en un día feriado cualquiera. En el Parque Urbano ya no se escucha la musculatura metálica del tren como antes, cuando traía las novedades del mundo sobre su lomo. Ahora se oye el ruido de gente que corre, se divierte y trata de pasarla lo mejor posible casi gratuitamente en una ciudad y un país que siente que está al borde de algo, aunque aún nadie sabe aún de qué.

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Comentarios»

1. paula saldaña - mayo 27, 2008

interesante reportaje, la verdad que hay muchas caras de nuestra ciudad que pasan desapercibidas, y esta es una de ellas. ahora con la aparicion de nuevos parques, es hora de salir, de caminar, de hacer uso del espacio publico, que es realmente nuestro para compartir y CUIDAR. pasar tiempo sano en familia y con amigos hace que las personas de este pais “al borde de algo” se inspiren y piensen de manera constructiva y saludable.

felicidades, sigan adelante, buen trabajo y buena suerte!

2. emilio soria auto chocadores http:// - marzo 22, 2011

tengo juegos de parques de diversion para la venta autos chocadores calesita, infantiles, adolecentes etc.
contactarce : aesoria@argentina.com


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