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DE LA UNIVERSALIDAD DE LA ALEGRÍA, LA MÚSICA Y EL ALCOHOL julio 4, 2008

Posted by Revista Vamos in Cultura.
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Una de las tantas formas que tiene la felicidad, riega sus raíces químicas en nuestro sistema nervioso con alcohol. Y ojo que esto no es una apología de ese maravilloso negocio que hizo ricos a tipos como Al Capone o Johnny Fernández, sino que es necesario hablar de aquello cuando de diversión se trata en Santa Cruz o en el resto del mundo. Y es que pocas cosas son más universales que la diversión salpicada con alcohol, especialmente en conciertos de música, sean estos de rock sinfónico como el Oh menage! a Queen que hubo en Sonilum; de rock nomás como el Oh menage! a los Chilli Peppers en Oz; de trova cubana en Peko’s o en la presentación de Los Amantes de tu Hermana, en un boliche ‘tecnochicha’ del Plan 3.000.

Escrito por Darwin Pinto

Fotografía de Fuad Landívar

En Santa Cruz todo el mundo se divierte con la música que quiere y con el trago que puede: desde el glamoroso ‘güisqui’, pasando por el vinito tinto-clase media y la rubia que anima la fiesta cervezal, y terminando en el poderoso guacho, mezcla del temible frasquito de alcohol Casco Azul con quién sabe qué más.
Los conciertos mencionados tienen sus grandes diferencias, como que en unos hay que pagar la entrada en taquilla, en el otro lo cobran con la cuenta y en el más popular con consumir ya es pago suficiente. Para no generalizar, especificaré un poquito la situación que debí reportear muy ‘profesionalmente’ para escribir esta croniquita parrandera entrando a distintos estratos sociales. Llegué a la conclusión de que no hay nada más parecido en el mundo que dos borrachos felices (eso antes de que entren en la etapa de la depresión). Un concierto no será nunca un concierto sin la receta de la felicidad, y ésta es simple: alcohol y musiquita sabrosona.

COMO DIJO JACK EL DESTRIPADOR…

¿Qué diferencia puede haber entre el Oh menage! a Queen que hubo en Sonilum, el de los Chilli Peppers en Oz o una noche de trova cubana y Sabina en Peko´s y una presentación de Los amantes de tu hermana en un barrio periférico de la capital? No muchas: la música será música siempre, pese a que el precio del guacho y el ‘güisqui’ puedan variar.
En el Oh menage! a Queen, hay muchachos con poleras rockeras sinfónicas, en Peko´s, están los bohemios sin compostura que tararean las canciones del sensacional dueño del boliche. En el Oh menage! a los Chilli Peppers hay tipos con poleras negras, tatuajes, fierros en la ropa y en el cuerpo, bebiendo cerveza de tubos de cristal y mujeres bonitas tomando cerveza corona, naufragando en el humo concentrado; mientras que en la disco chicha, una muchachada multicolor se acomoda donde puede para escuchar a Los Amantes de tu hermana, grupito de cumbia chicha de Jujuy que toca por 300 pesos con equipos alquilados.
Y es que el cruceño es así: jode donde esté, por más que no le entienda al inglés sudafricano de Freddy Mercury, al bajo magnífico de los Chilli Peppers, al sentimiento de Silvio y Joaquín y ni sienta en los pies el ritmo pegajoso de la cumbia villera.

Una vez la juventud está instalada en su respectivo recital, hay que tomar en cuenta otro elemento clave y diferencial: los baños son importantes.

En Sonilum, a veces están pulcros, en Oz también, en Peko’s tienen espejos y en la disco chicha hay que abrirse campo para ir a una oscurana, eso sí, teniendo el cuidado de no alejarse mucho porque por ahí son de puñal fácil, y que conste que eso no es discriminar… es hacerle caso a las estadísticas policiales. En el Oh menage! a Queen hay diferencias sociales: sector VIP con mesas, sector general de pie, o en las graditas del fondo. En Peko’s, todos somos iguales; en Oz hay que agregar plata a la entrada para conseguir mesa, y en la ‘discochicha’ mejor es no sentarse por si acaso.

EL CONSUMO
Los que han ido al Oh menage! a Queen, son tipos arriba de 30 años que han llegado en vehículos privados y han fumado cigarrillos caros antes de entrar. Han esperado novias o amigos en la entrada y luego, ya adentro, uno ha dicho que estuvo en el concierto de Queen en el estadio de Wembley y otro que ya saca solos de Hendrix; y ambos han dicho que después irán a boliches de moda donde tipos sin cuello de tanto músculo te dejan entrar según tu pinta y según los vientos de su inspiración.
En Oz, la muchachada casi no sobrepasa los 30 y espera afuera hasta que se escuchen las guitarras adentro, porque beber afuera es un poquito más barato que adentro. A Peko’s uno llega un poco más feliz y se da el lujo de tener de 18 años hasta 99, listo para consumir penumbra, sensualidad y humo de cigarros (alguien dijo que el beso con humo es mejor). Estos también llegarán en vehículos, pero otros lo harán a pie, porque Peko’s está cerca de todas partes si es que se vive dentro del segundo anillo. En el caso del boliche popular, alias ‘discochicha’ (cuyo nombre se reserva para evitar redadas), los muchachos de menos de 25 llegan en micro sin problemas. Se entra ahí en grupo, sin necesidad de tener que comprar el trago en el mismo boliche y la premisa es “joder hasta quedar pija”, porque el que no bebe “no es macho”.

EN LA PLENITUD

En la plenitud de la música, en lo de Queen las diferencias sociales de VIP y general se van al diablo. Un rato de esos, todo el mundo se amontona adelante, el que puede tararea lo que sabe, el que no sabe se hace el que sabe y abre los brazos para gritar Mama mía, mama mía, mama mía let me go…magnificaaaaaatt… y yo me acuerdo de Queen cuando Queen era lo único que conocía y después vuelvo a gritar Weeee are the chaaampioonss my frieeend… y también me acuerdo que el Chelsea perdió la liga inglesa y la Champions con el Manchester United y ya no me quedan ganas de seguir cantando la vaina esa de que somos campeones.

En la plenitud de los Chilli Peppers el bajo hace vibrar la cerveza y la barra, y yo canto Californicatiooonn, porque es lo único que me sé del repertorio de ese grupo.
En la plenitud de Peko’s, me bebo despacito mi vinito tinto clase media y en coro todo el mundo grita: Soy el pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, un viejo truhán capitán de un barco que tiene por bandera, un par de tibias y una calavera… y hay mesas coronadas por ‘güisqui’ y mujeres que saben de arte y literatura y hombres que estudiarán batería en Nueva Orleáns o que grabarán un disco.

En la plenitud de la ‘discochicha’ me atrevo a tomar guacho para recordar los viejos tiempos, líquido bendito para aquellos a quienes la cerveza es un gasto demasiado bravo, y no canto nada porque esa música no me gusta. Y a los saltos del concierto se suma la trifulca de dos tipos que a trompadas van a parar a la calle por una mujer o un celular que ahí es lo mismo, mientras los muchachos sobre el escenario, con el cabello largo y la ropa modesta, hacen lo que pueden para animar más esa vaina y conseguir la plata que necesitan para volverse a Jujuy y no regresar nunca más.
Al final, en todos los boliches, con tragos caros o baratos, sustanciosos o cancerígenos, casi todo el mundo termina borracho y contento, con hambre u otro tipo de apuro, listo para irse a dormir o para seguirla hasta la muerte de un sucha. Fin de la música, salida en tropa de lo de Queen, parada obligada en lo de las fridositas salvadoras. Salida tranquila de Oz con una fila de taxis que esperan a quien cargarse; salida tranquila de Peko’s para seguirla en Centrósfera o en lo que esté a mano. Salida también de lo de la ‘tecnochicha’ en el barrio San Juán del Plan 3.000 para ir a algún lugar donde me sienta seguro (no es que el sitio sea inseguro, es pura precaución nomás).
Y al otro día, todos amanecemos con mucha resaca y menos plata, pero con ganas de volverla a hacer, aunque uno haya dicho aún en su cama: “nunca más vuelvo a beber”. Fieles a nuestra alegría de vivir, siempre habrá otro homenaje, otra troveada, otro grupo chicha, para ponernos de nuevo un poquito felices con guacho, cerveza o güisqui.

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Comentarios»

1. luna - julio 6, 2008

jajajaja
me encanto!
muyyy cierto….entretenido y divertido de leer…

2. Antanas Drake - julio 7, 2008

Uta el que escribió esto debe ser un borraho


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