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EL MICRO julio 4, 2008

Posted by Revista Vamos in Rutas cruceñas.
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EPÍTOME DE LA CULTURA POPULAR

Si usted tiene vehículo propio y no utiliza el transporte público, no sabe de lo que se pierde. Si le sobra una hora y desea invertirla en una actividad divertida y novedosa, súbase a un micro y dé una vuelta por todo el primer anillo. Esta ruta cruceña, tan concurrida y rutinaria, es la propuesta de VAMOS para que conozca mejor la ciudad en la que vive

Escrito por Nicole Nostas

Fotografías de Andrés Unterladstaetter

A las 12:21 el micro de la Línea 18 frenó en seco para recoger a dos pasajeros en la esquina de la Plaza del Estudiante. A las 12:22 el mismo micro paró para que otra persona, que se encontraba al frente de la esquina anteriormente mencionada, subiera también. En ese breve lapso el micrero se anotó un punto en la tabla de infracciones, pero no lo culpamos. ¿Por qué las personas no pueden esperar el micro en la parada? ¿Por qué no pueden caminar dos pasos más y tomar el micro con otras personas? Por último, ¿por qué el micrero no puede enseñar ‘a la fuerza’ esto a la población? Por el momento, estas interrogantes están sin respuesta, así que es mejor continuar con la historia y dejar la filosofía para después.

El viaje comenzaba a tornarse placentero cuando tocó hacer un pequeño trasbordo y cambiar de micro. La elegante imagen de un niño mostrando el dedo inapropiado te despide, no sin antes pedirte que ‘No te rrayés’ por haberte bajado (aclaramos que nosotros no hemos cometido la falta ortográfica, el sticker sí).

El reto del segundo micro es dar una vuelta completa a todo el primer anillo, un paisaje urbano interesante, visto pero nunca observado. ¿Alguna vez se ha tomado el tiempo para mirar la cantidad de palomas que se posan sobre los cables de la ex Terminal? ¿Ha contado cuántos toldos hay en La Ramada? ¿Ha visto lo interesante que es la estatua de Cañoto? ¿Se ha tomado el tiempo para leer los nombres de todas las pollerías que hay por la zona? ¿O ha visto cómo los conductores tratan de vencer las luces rojas en la Irala?

El micro está lleno, en su mayoría de jóvenes con rostros cansados, sin expresión, que esperan retornar pronto a sus casas y que sólo se dedican a mirar por la ventanilla, porque ellos sí saben que lo que está en frente de sus ojos es una verdadera obra de la naturaleza humana.

Lo mejor de todo esto es que por Bs. 1,50 (si es que no le cobran los controversiales Bs.2) puede tener una distracción completa: puede observar el paisaje o entretenerse con el cantante, la charlatana, el dormilón o la despistada que nunca faltan y que le alegran el viaje. O leer las declaraciones de amor en todos los asientos, que por lo visto son el lugar favorito de los enamorados para expresar sus sentimientos. Además, utilizar este tipo de transporte público es un verdadero ejercicio porque se tienen que tensionar los músculos para evitar golpes cuando el micro ‘zig zaguea’, frena y trata de abrirse espacio a como dé lugar.

A las 12:57 y 20 paradas después, Francisco Gutiérrez, chofer de micro desde hace 11 años, abre la puerta en el lugar exacto en donde comenzó la aventura para los dos pasajeros que subieron en la esquina de la Plaza del Estudiante, aquellos que nunca más verán el primer anillo con los mismos ojos.

CUANDO EL VIAJE

NO ES UN PASEO

Valeria Franco, Laura Antelo, María Renee Fiorot y Silvia Evelyn Fiorot, unas fieles seguidoras de VAMOS, como firman, nos mandaron un pequeño comentario sobre la odisea que resulta viajar en micro por los anillos de Santa Cruz, tan acorde con este tema que no dudamos en publicarlo. Aquí va…

El transporte en nuestra ciudad pasó de ser un modo de transportarse a ser un arma de tortura; subir a un micro significa exponerse a una serie de riesgos, como ser despojado de nuestras pertenencias, ser ultrajado, no lograr respirar aire puro o no poder realizar un cambio de posición (los músculos se adormecen), y si es tiempo de calor, éste se convierte en un sauna sobre ruedas, muchas veces asfixiante.

Todo esto se da debido a que la demanda (personas) es mayor que el producto (micro); pero aun así la situación no se justifica porque un micro que fue fabricado para transportar a 17 personas cómodamente sentadas, no debería llevar a la fuerza el doble de su capacidad, o más, arriesgando la vida de muchos. Además, los conductores son imprudentes, en lugar de velar por la seguridad de las personas se preocupan por llegar a tiempo y rendir cuentas a una novia manipuladora: el reloj. Esto ocasiona un sinnúmero de infracciones y un caos terrible que produce estrés, mal humor y accidentes.

Pero nosotros, los ciudadanos, tampoco contribuimos a evitar todo esto. En cambio, nos quejamos sin hacer algo al respecto ni respetar las paradas establecidas. Ya es hora de tomar conciencia.

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