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REFUGIO LOS VOLCANES octubre 7, 2008

Posted by Revista Vamos in Lugares, Rutas cruceñas.
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Un refugio es un lugar para ocultarse y sentirse protegido. Y eso es precisamente lo que se encuentra al ingresar al Refugio Los Volcanes, un escondite perfecto en un valle profundo situado al límite del Parque Nacional Amboró, a unos 90 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra. Cuando entran esas ganas de escaparse de la rutina de la ciudad, llegar a este rinconcito envuelto en tanta vida silvestre resulta infalible. ¿Crees que te hace falta conocerlo?

Texto: Paola Iporre / Fotos: Andrés Unterladstaetter

Después de unas dos horas de viaje desde la ciudad, y luego de desviarse por una pendiente a la altura del Km. 79 sobre el camino a Samaipata, la larga y curvilínea entrada hacia el refugio (de unos 4 kilómetros) te presenta una pequeña muestra del paraíso al que estás ingresando: una vegetación espesa cargada de colores, olores y sonidos únicos.

De pronto se abre ante la vista un pequeño valle rodeado de montañas, una cadena de formaciones volcánicas de roca arenisca, que te demuestran porqué se le dio el nombre de ‘refugio’ a este lugar. Allí, en medio del pequeño valle, se ubica la única zona habitable de la reserva: una cabaña de seis habitaciones dobles rodeada de una amplia galería con sillones y hamacas para el descanso, y algunos metros más allá, un comedor seguido de un pequeño mirador desde donde se puede observar y escuchar el paso de las aguas de la quebrada Elvira, que cruza bulliciosa por el borde mismo de la terraza. Alrededor, sólo existe naturaleza y vida salvaje en su estado más puro.

Ser parte del bosque

El Refugio Los Volcanes, de propiedad del alemán Albert Schwining, se encuentra a unos 1000 metros sobre el nivel del mar, sobre una superficie aproximada de 300 hectáreas. Como atractivos ofrece innumerables oportunidades para observar todo tipo de árboles, plantas y animales silvestres, a través de siete senderos ecológicos que te llevan a integrarte por completo con el bosque. Las sendas Las Orquídeas, Las Cascadas, Los Loros, El Cóndor, Bosque Seco, El Cafetal y Amboró, permiten conocer las particularidades de Los Volcanes desde diversas perspectivas.

Por supuesto una vestimenta adecuada (pantalones largos, zapatos deportivos, repelente y bloqueador solar) hará que tus caminatas por el lugar se tornen más provechosas, porque el contacto con la naturaleza allí es al cien por ciento. Estos senderos son apenas unas angostas veredas que te enfrentan a una serie de acontecimientos que, además de poner a prueba tu estado físico, harán que salga a flote tu espíritu aventurero.

En Los Volcanes, fácilmente se encuentra al paso una iguana

En Los Volcanes, fácilmente se encuentra al paso una iguana

Cruzar por encima de los troncos de árboles caídos, esquivar ramas que te acarician al paso o saltar de piedra en piedra cuando estás en la zona de las pozas de agua, son algunos de los eventos que se deben sortear en estas largas y entretenidas caminatas. Por eso en su recorrido está prohibido no fijarse bien hacia dónde se dará el siguiente paso, pero tampoco se debe dejar de estar atento al panorama que se presenta ante la vista: plantas de belleza exuberante, flores de diversos tamaños, mariposas que se atraviesan, aves que cantan y alzan vuelo por doquier, y por supuesto todo tipo de animales que se encuentran realizando sus actividades cotidianas. “En la zona se puede observar monos (tres especies), jochis, urinas, serpientes, perezosos, tejones, iguanas, comadrejas, diferentes tipos de roedores y también se ha visto un par de veces un puma y las huellas de un jaguar”, explica Walter Guzmán, administrador de Los Volcanes y gerente de Forest Tour Operator.

La riqueza natural del refugio es innegable. Se observa a medida que se lo va recorriendo. Por ejemplo, cuando se pasea por la senda Las Orquídeas, una interesante variedad de estas plantas adornan el trayecto, que se torna muy colorido en el mes de septiembre, cuando se produce su floración (normalmente de unos 20 días de duración). “Según estudios realizados por biólogos, en el refugio existen 120 especies de orquídeas totalmente silvestres”, comenta Guzmán, y explica que el sendero se abrió de acuerdo a las zonas donde habitan naturalmente las orquídeas, sin haber movido ninguna de su lugar de origen. Éste es un sendero de 750 metros que se recorre aproximadamente en una hora, según el ritmo que se siga.

Otro ejemplo de la belleza de Los Volcanes se observa en la senda Las Cascadas. Por ella se llega a siete caídas de agua que se ven y se sienten refrescantes y que forman un paisaje increíble al descender entre inmensas rocas y una vegetación espesa. Las pozas que se forman a sus pies tienen una profundidad promedio de 4 metros, por lo que muchos de los turistas que llegan hasta allí las aprovechan al máximo. Quedarse al borde de estas piscinas naturales, dejándose envolver por el sonido de los chorros de agua rebotando en las piedras, también es una muy buena opción para la relajación y el descanso.

Por otro lado, los senderos El Cóndor y Los loros presentan ascensos y descensos mucho más drásticos que los franqueados anteriormente, por lo que si tu espíritu aventurero te anima a más, no puedes dejar de recorrerlos. El tiempo aproximado de paseo por estos senderos es de tres a cuatro horas por cada uno.

El acompañante fiel por estas caminatas, es el sonido vibrante del bosque que no se apaga nunca. Por lo menos 270 especies de aves registradas aseguran un permanente despliegue de conciertos que inundan todo alrededor.

Entonces, cuando se te ocurra escaparte de la rutina, ya sabes que muy cerquita de Santa Cruz existe un refugio natural, muy bien escondido, que te puede desconectar por completo del mundo urbano. No te dejes engañar por el nombre, es un sitio de tranquilidad.

Aves en su hábitat para observar

Aves en su hábitat para observar

Visitantes del Refugio

Aunque parezca paradójico, este pedacito de paraíso que tenemos en Santa Cruz, no es visitado por los cruceños ni por turistas nacionales, sino por amantes de la naturaleza provenientes del extranjero, principalmente de Europa y Estados Unidos.

Los primeros, llegan con el afán de experimentar un genuino contacto con la naturaleza, dejarse seducir con sus colores y alejarse del ajetreo de las urbes. Los segundos, científicos, biólogos y botánicos, entre otros, llegan hasta el lugar para estudiar y observar a fondo la vida silvestre que se desarrolla allí. Los registros que existen sobre el número de especies de animales y plantas, se conservan gracias a esos trabajos.

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