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LA VIUDITA.- Ensayo sobre historias inconclusas mayo 20, 2009

Posted by Revista Vamos in Colaboraciones, sociedad.
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“Y al día siguiente nadie terminó”… (estoy leyendo a Saramago). A continuación una pequeña dosis de lo que sería la vida si es que un día nadie terminara sus historias…

Sucede que terminar es la característica principal de la que carecen las “historias inconclusas” y claro, con toda la razón del mundo criticarán, diciendo que redundo, pero es que a veces se redunda para enfatizar y esto de terminar está abierto a varias interpretaciones en el mundillo de las parejas, en el universo romanticón, en la dimensión desconocida de las relaciones.

Por ejemplo, siempre, en cualquier círculo social, en gente de distintas edades se sabe de algún caso como este: un par de incautos que cayeron tropezando en las hordas de la pasión, explotaron piel en un par de ocasiones, hasta que las vicisitudes azarosas de la vida le pusieron fin a esos intentos por saciar el hambre de la piel y todo esto sin haber pactado un cierre o conclusión de acuerdo mutuo. Ahora el par este, a los 60 años, siguen jodiendo intermitentemente porque son biológicamente incapaces de sostener relaciones estables y monógamas. Es así como muchas de las historias de una noche, de dos o de un mes, pueden convertirse en historias para siempre. Es uno de los más grandes riesgos de las “historias inconclusas” se hacen adictivas y con una sola no basta.

Mi abuelita me decía, “las mujeres somos como la virgen” y mientras yo pensaba “!ay, abuela!, no seas ilusa, hace rato que dejé de ser virgen, como el 90% de la población femenina”. Ella se refería, y ahora recién lo comprendo, a que nos gusta dejar todas nuestras velas encendidas y para variopintos fines:

Para tener algo con que calentar la cosa, cuando esta se enfría.

Para tener siempre saludables niveles de autoestima, autoconcepto, ego, etc.

Para obtener beneficios propios del pongueaje y/o de la esclavitud sin dejar de disfrutar del solterío amado.

Y por más que parezca increíble, se puede tener todo esto sin tener que invertir en lo más mínimo, sólo en la estrategia de ir por el mundo dejando puertas abiertas, lo que como debo estar dando a entender, es otra forma de cultivar “historias inconclusas”.

Y que nadie se haga el sorprendido, ofendido o que nadie se haga la descubierta, porque bien sabemos y siempre supimos, que la cosa va por ahí nomás. Las cortejitas que pretenden castidad, deberán aguantar las miles de historias sin terminar y las que todavía van a comenzar, igual que las esposas permisivas (y las no vengativas, porque cuando la ley es pareja, nadie se queja).  Deberá concluirse así este brevísimo ensayo, diciendo lo que de alguna manera se sabe, pero que es necesario enfatizar: las “historias inconclusas” a veces perjudican, a veces benefician, depende de la táctica y la estrategia que se aplique, ¿verdad?

La Viudita

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