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LA VIUDITA.- Entre viuditas agosto 31, 2009

Posted by Revista Vamos in Colaboraciones, curiosidades.
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El otro día vi a una de las viuditas más interesantes que pasaron en frente de mis ojos. Una mujer pequeña, sin maquillaje, con ropas anchas sin combinación extraordinaria de colores, botas pasadas de moda pero con una belleza extraña porque parecían precavidamente desgastadas para darle onda. Esa pequeña mujer, con quizás una o dos décadas más que yo, cautivó a muchos hombres dentro de un mismo salón.

Algunos le tomaban fotografías, seguro con obturador abierto para captar un poco de sus eróticos y convulsivos movimientos; otros movían su cabeza al compás de su voz porque sus gritos bluseros abrumaban con su fuerza; y también había aquellos que pedían cerveza fría porque los movimientos de pelvis de esa mujer los tenían con el termómetro corporal demasiado alto.

Lo que esa mujer debe conocer su cuerpo. Imagino los momentos que pasa mirándose frente al espejo (desnuda, con ropa, con otro mientras tiene sexo, interpretando una canción con un micrófono hechizo, etc.). Cómo esa mujer habrá trabajado su cuerpo, sus años seguro le enseñaron del lenguaje corporal, además su trabajo y su pasión seguro que también aportaron a ese aprendizaje. Estoy completamente segura que disfruta masturbarse en cuartos a media luz (la oscuridad por sexy y la poca iluminación para mirarse mientras se toca), pero que lo hace porque así también practica sus movimientos cotidianos, desde caminar en la calle, posar para una foto para el periódico, cantar sobre un escenario, o conversar con un pavito interesante.

Por eso me interesó, porque es fácil reconocerse entre viuditas, realmente hay una constante en algunas actitudes, que los hombres son incapaces de reconocer; encima son débiles y caen. Claro que los hombres también se mueven por instinto, pero es aquel medio picapiedra que hasta nuestros días, ni con millones de años de evolución logran superar esas estrategias jodidas de seducción, dirigidas al público masculino en general.

A todas aquellas viuditas salvajes, les digo… hemos logrado hacer de la seducción todo un arte. Y no importa el tamaño, el color de cabello, la forma de la nariz; lo que importa es saber cuáles son nuestras potencialidades físicas, aprovechar nuestro delicioso olor y romper los ambientes con nuestra actitud. Así era esta viudita, locamente hermosa.

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