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EDITORIAL junio 14, 2010

Posted by Revista Vamos in Editorial.
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No somos pocos. Estamos representados. La Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra se fue. Ya se acerca su homóloga paceña. Tenemos, muy cerca nuestro, a los autores que hablan por nosotros. A esos a los que no les interesa los folclorismos ni desean escribir acerca de cuestiones mágicas e irreales. No.

Son ellos los que toman la fotografía actual. Los que nos relatan estas historias de calles desiertas, autopistas, soledades inexplicables, alcoholes desesperantes. Son ellos los que escriben acerca de generaciones que a veces nos sentimos perdidas, de amores perversos y perversiones cotidianas. Es la literatura que deja de lado los folclorismos usuales y se atreve a darte un manotazo en la cara. La literatura que te despierta de golpe y te grita de frente para hacerte saber que no estás abandonado. Sí, amigos, hay letras que en este momento hablan de nuestras vidas.

Varias son las conclusiones que se pueden sacar respecto a estos eventos de promoción literaria. Podemos afirmar, por ejemplo, que el mercado de lectores se ha incrementado considerablemente, que asistir a la feria del libro no es actividad exclusiva de intelectuales y otras ratas de laboratorio, sino de la familia y de los amigos.

También podemos destacar los esfuerzos de algunas editoriales por presentar stands y promociones que llaman la atención y la cobertura extensa y generosa que algunos medios de comunicación brindan a este evento.  Eso en lo referente a las cosas que nos gustan.

Muy por el contrario, son muchas las observaciones respecto a la gestión y la organización del evento. ¿Acaso no se trataba de una feria con el objetivo principal de promover la lectura? Entonces, ¿por qué ese afán de vender todo espacio para stands así la oferta no tenga absolutamente nada que ver con la industria cultural? Todo muy bien con las ofertas editoriales, las promociones de precios, las apuestas por algunos best sellers, etc. Pero de pronto nos encontramos con productos de comida dentro de los stands, con empresas que ofertan vallas publicitarias o universidades que ofrecen sus carreras. Todo eso y mucho más no está bien.

Es que al parecer se hace mayor hincapié a lo comercial que a la promoción de la lectura. Es por eso que se hace necesario replantear muchos detalles de la feria. Por ejemplo, potenciar las charlas y ponencias y las visitas de autores, seleccionar de mejor manera a los expositores, ofrecer una sala de prensa para los periodistas (y que la prensa tenga por lo menos pases de ingreso) y otros. Esperamos que nuestras sugerencias sean tomadas en cuenta por la próxima directiva de la Cámara Departamental del Libro.

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